Colección: Crítica de la Sinrazón
Editorial: Para Escudriñador@s
ISBN: 978-99974-811-3-9
Formato: 14 x 21 cm. 176 Págs.
1a Edición: España, 2006
Esta Edición: Bolivia, 2014


Precio:  87,00 Bs.


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Contra el Creacionismo
Cómo la humanidad no fue creada por Dios
Ernesto Carmena

¡Qué chovinistas somos! Solemos pensar que los movimientos fundamentalistas contra la evolución son una tara exclusiva de Estados Unidos, una peculiaridad suya que no debe preocuparnos a quienes vivimos en países sensatos con religiones flexibles y relativamente modernizadas. Pensamos que el creacionismo militante ni siquiera es un fenómeno general, pues sólo se restringe a los seguidores de ciertas sectillas protestantes en las regiones más profundas y catetas de Yanquilandia; es una bobada más entre muchas otras que inventan en ese país de chiflados, ¿no? Además, allí cuentan con buenos intelectuales y excelentes científicos, y todos ellos forman una piña en contra de este asunto. Deben de tener casi ganada la batalla contra esa gentuza anclada en el siglo XVIII.
 
Nos sentimos bastante tranquilos al respecto pero, ¿no es cierto que, tarde o temprano, muchas de las estupideces cultivadas en los fértiles Estados Unidos acaban arraigando con fuerza en el resto del mundo? Veamos qué tal va la cosecha por medio de algunos ejemplos.
 
Inglaterra: que los niños decidan. Un millonario ha hecho realidad el sueño de los creacionistas yanquis en la mismísima patria de Darwin: conseguir que en clase de ciencias naturales se dedique el mismo tiempo a la evolución y a la creación bíblica. Sir Peter Vardy, que además de rico es fundamentalista cristiano, ha pagado mucho dinerito para cofinanciar con el Estado la construcción de varias escuelas de enseñanza secundaria. Eso le ha otorgado influencia a la hora de decidir quiénes son los profesores contratados y qué han de aprender sus alumnos. En todos esos centros, junto a la evolución biológica, se está enseñando la creación según la Biblia. Los profesores dan la misma importancia a ambos puntos de vista. “Que los niños decidan”, dijo el millonario en una entrevista.
 
A pesar de las quejas de los científicos británicos, el sonriente primer ministro Tony Blair hace la vista gorda: ¿qué problema hay, cuando esos alumnos están sacando buenas notas en los exámenes? Como el necio del refrán, Blair ha confundido valor y precio...
 
Brasil: tres cuartos de lo mismo. Los adventistas del Séptimo Día y otras iglesias se organizan en Brasil en sociedades creatas de enorme influencia política y social. En el año 2002, la gobernadora del Estado de Río de Janeiro, Rosinha Mateus, presbiteriana ella, afirmó públicamente que no creía en la evolución de las especies. Soltó la típica sandez: “Es sólo una teoría”. Su marido, el anterior gobernador, había aprobado la docencia de materias religiosas en los colegios estatales y había favorecido la explicación creacionista del mundo y de los seres vivos.
 
Según una reciente encuesta, sólo el 9% de los brasileños acepta el consenso científico sobre el origen del hombre. Más de la mitad de la población piensa que Dios dirigió y controló nuestra evolución. El 31% rebuzna más alto y sostiene que Dios nos creó de golpe y porrazo hace 10.000 años. Un 89% está a favor del creacionismo en la escuela, y un abrumador 75% cree que los muñequitos de barro, las costillas mágicas y los zoológicos flotantes deben reemplazar totalmente la enseñanza de la evolución. En los EEUU, los partidarios de tan demencial sustitución alcanzaban un 38% en el año 2005. Parece mentira, pero la religión ha embrutecido a los brasileiros aún más que a los yanquis.
 
Internet: el creacionismo te ayuda en los deberes. Ya sabemos que la Red no equivale a una buena enciclopedia. Aunque el material de calidad abunda, es superado en proporción de 1a10 por los ciber-excrementos. Sin experiencia frente a la pantalla, o sin un criterio riguroso y cabal acerca de los temas que a uno le interesan, resulta difícil separar la información fiable de las cagarrutas. Innumerables pseudocientíficos escriben gigabytesde basura sobre supuestas energías psíquicas, ovnis, pirámides extraterrestres, monstruos o incluso duendes. Los chiflados, creadores de absurdas teorías “revolucionarias”, excretan versiones tan alternativas como disparatadas sobre la evolución, el Big Bang o el sida. Y los fanáticos religiosos, por supuesto, no pueden quedarse atrás.
 
Millones de niños, adolescentes y jóvenes universitarios utilizan Internet para documentarse y realizar sus trabajos de ciencias. […] ¿Y qué encuentran? Creacionismo apunta de pala, en inglés o bien traducidito al español. Haced la prueba y leeréis, con ejemplos y citas de lo más aparente, cómo la datación radiométrica de las rocas es pura mitología y los Homo erectus descienden de Adán. ¿Están los estudiantes capacitados para cribar la información sobre ciencia que obtienen en la Red? Mientras el pensamiento crítico sea una asignatura pendiente en los programas escolares, por lo general, lamentablemente, seamos realistas, digamos las cosas como son: no.

Sobre el autor(a)

Ernesto Carmena (Madrid, 1974) es licenciado en Biología por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, colabora habitualmente en El Escéptico, la revista de la Sociedad. En la actualidad trabaja en el campo de la imagen digital y la divulgación científica.

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