30.10.17

Calor y movimiento

OFERTA 65 Bs.
Un antiguo mito relata que Prometeo, con tenacidad e ingenio, hurtó a los dioses el fuego para entregárselo al hombre, a fin de que este desarrollara las primeras civilizaciones. En la actualidad son los físicos, químicos e ingenieros quienes imitan esta labor titánica de controlar la energía en todas sus manifestaciones para beneficio de la sociedad; en particular la energía térmica, herencia de aquel dios griego. 


Magdalena Rius y Mauricio Castro-Acuña hacen un recuento histórico de los esfuerzos del hombre por entender la naturaleza móvil de la energía liberada en forma de calor; describen los sistemas de medida propuestos por Fahrenheit, Celsius y Kelvin, e introducen al lector en los fundamentos de la termodinámica, mostrando su amplio rango de aplicación, como puede ser el estudio de los gases de efecto invernadero o la construcción de ductos de petróleo y puentes. (Contratapa del libro)


Introducción

En el desarrollo histórico de las ciencias naturales se distinguen varias etapas, las primeras están asociadas con el pensamiento mágico, los mitos y las religiones primitivas; las posteriores se caracterizan por mostrar periodos "cumbre" en los que se producen grandes descubrimientos y se conquistan nuevas fronteras, alternados con etapas más prolongadas de comprobación y consolidación de las anteriores. 

Es frecuente situar los antecedentes de la civilización en la conquista del fuego por el hombre. Sin embargo la combustión, como fenómeno natural, se dio con mucha anterioridad. En los primeros tiempos, el hombre cuidaba celosamente el fuego obtenido de algún incendio natural y lo mantenía dentro de templos donde era conservado como algo sagrado. El hecho fundamental de la llamada "conquista del fuego" es que el hombre llegó a ser capaz de reproducir; controlar y hacer suyo el fuego, proceso químico que le permitió mejorar sus condiciones de vida, cambiar radicalmente sus hábitos alimenticios y asegurar su sobrevivencia.

El fuego ha sido utilizado no sólo para elevar la temperatura de los objetos, sino también para alterar sus propiedades. Por ejemplo, el cocimiento de los alimentos, más que un simple calentamiento, es un proceso que cambia las propiedades físicas o químicas de aquéllos. De igual forma, el hombre aprendió a utilizar el fuego para alterar las propiedades de los metales y fabricar diferentes utensilios. 

Los instintos y la evolución de la inteligencia del hombre lo han llevado a buscar incansablemente el dominio de los fenómenos naturales, tanto para satisfacer sus necesidades y mejorar su forma de vida como para satisfacer su natural curiosidad en desentrañar los secretos de la naturaleza. 

Una vez que logró el dominio del fuego, se puede decir que la humanidad fue haciéndose dueña de la energía, lo cual le ha permitido aumentar su capacidad de realizar trabajo que incremente su potencial natural y supere las limitaciones que su estructura biológica le impone. Con el dominio del fuego, el hombre descubre la posibilidad de utilizarlo para obtener calor, luz y protección contra los animales. 

Desde el anterior punto de partida hasta el dominio de la energía nuclear son muchos los avances técnicos logrados por la humanidad. Lentamente, el hombre ha recorrido un camino difícil que lo ha llevado a conocer, dominar y utilizar en su provecho los fenómenos de la combustión, los eléctricos, los magnéticos y, en general, los químicos y físicos. 

Así, el conocimiento de la combustión dio origen al diseño de las máquinas de vapor.1 [Nota 1] El dominio de los fenómenos eléctricos y magnéticos ha contribuido a la creación de máquinas y equipos cada vez más complejos que incrementan día con día la capacidad de trabajo del hombre. 

Al mismo tiempo, la humanidad ha pagado un alto precio por las consecuencias no previsibles de sus descubrimientos. En la actualidad, el avance impresionante de la tecnología va acompañado de repercusiones negativas para la existencia de la especie humana. 

El hombre no se ha conformado con desarrollar y aumentar su capacidad de producir trabajo útil, sino que ha realizado un estudio sistemático de las ciencias naturales con el propósito de poseer —con su razón— el mundo que lo rodea. 

Así surgen, en la historia de la humanidad, disciplinas científicas cada vez más específicas y complejas que intentan explicar los fenómenos naturales. Aún hoy en día estamos lejos de explicar muchos fenómenos naturales que sólo describimos mediante modelos. 

¿Cuál es la naturaleza del fuego, del calor, de la energía...?, para ésta y otras preguntas, el científico busca respuestas estableciendo teorías y modelos científicos, creando lenguajes específicos, entre los que se incluye al matemático, que sólo son accesibles a los especialistas o a los estudiosos. Sin embargo, los científicos también se preocupan por transmitir sus descubrimientos, tanto a los jóvenes estudiantes como a los adultos no especialistas interesados en los temas científicos de actualidad. De esa necesidad surge la divulgación de la ciencia, una disciplina que pretende extender los beneficios de la cultura científica a la sociedad.

Sobre el autor:

Magdalena Ruis de Riepen es doctora en fisioquímica por la UNAM, hizo estudios de especialización en el Instituto de Fisicoquímica de Göttingen, Alemania, donde se especializó en semiconductores, tema sobre el que ha hecho importantes contribuciones. Se ha dedicado a la docencia y a la investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Carlos Mauricio Castro-Acuña se doctoró en Fisicoquímica en la UNAM. Se ha dedicado a la docencia y la investigación científica; también ha participado como coordinador de la Olimpiada Nacional de Química.

Referencias bibliográficas

Colección: La ciencia para todos
Formato: 13,5 x 21 cm., 107 páginas
Primera edición: México, 1989
Última edición: México 2003
Esta edición: 2011
Texto para nivel medio superior

No hay comentarios:

Publicar un comentario